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El deporte que nadie defiende: del Ministerio prometido al recorte histórico

 

El deporte que nadie defiende: del Ministerio prometido al recorte histórico



Por: Paola Morales Castaño. Socia Acord Quindío

Fotos: Generadas con Inteligencia Artificial / Nano Banana


Cuando Colombia celebró su primera medalla de oro olímpica en Sidney 2000, el deporte aún era apenas un Instituto. Coldeportes sobrevivía con lo que el gobierno de turno decidiera asignarle, sin asiento en el Consejo de Ministros y sin poder real para pelear recursos. Por eso, cuando en 2019 el Congreso aprobó la creación del Ministerio del Deporte, muchos lo sintieron como un paso histórico. Y durante un tiempo lo fue.

El primer ministro, Ernesto Lucena Barrero, defendió la idea de que una cartera propia permitiría fortalecer el presupuesto y darle al deporte un lugar más importante dentro del gobierno nacional. Luego llegó Guillermo Antonio Herrera Castaño y el presupuesto siguió creciendo hasta alcanzar en 2022 la cifra más alta que había tenido el sector: más de 882.000 millones de pesos. Por primera vez, el deporte parecía tener algo más que promesas.

Pero el entusiasmo empezó a enfriarse rápido. Con el gobierno de Gustavo Francisco Petro Urrego, el Ministerio mantuvo presupuestos altos en el papel. En 2023, bajo María Isabel Urrutia Ocoró, la cartera superó los 949.000 millones de pesos, pero ejecutó apenas el 73,6 % de lo asignado. Más adelante, con Astrid Bibiana Rodríguez Cortés, en 2024 se aprobó una cifra histórica cercana a 1,3 billones de pesos gracias a adiciones presupuestales. El titular sonaba bien. La realidad no tanto.

Durante años, el deporte colombiano había pedido más presupuesto. Lo que pocos imaginaron era que el problema terminaría siendo que la plata aprobada no alcanzara a convertirse en apoyo real para atletas, ligas y procesos regionales.

La crisis alcanzó un punto crítico con la pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos Barranquilla 2027, durante la gestión de Rodríguez. Colombia no perdió el evento por falta de anuncios o cifras históricas, lo perdió porque los pagos comprometidos —dos cuotas de 4 millones de dólares— no llegaron a tiempo. Poco después asumió Luz Cristina López Trejos, en medio de un ambiente marcado por cuestionamientos sobre la ejecución y la capacidad del Gobierno para destrabar recursos.

En el 2024 empezaron a hacerse evidentes los retrasos en desembolsos y trámites entre el Ministerio, Planeación Nacional y Hacienda. Dirigentes y federaciones denunciaron que el dinero aprobado no llegaba con la velocidad que requerían los programas. La discusión dejó de ser cuánto dinero tenía el deporte y pasó a ser cuánto lograba ejecutarse.

Y después vino el desplome.

Para 2025, el Ministerio pasó de manejar cerca de 1,3 billones de pesos a apenas 464.000 millones, un recorte cercano al 66 %. Con Patricia Duque Cruz al frente, el sector empezó a enfrentar las consecuencias de uno de los ajustes más fuertes desde su creación. Y para 2026, la proyección es todavía más baja: cerca de 310.000 millones. En dos años, el deporte perdió dos de cada tres pesos que tenía.

Los efectos de estos recortes rara vez se ven de inmediato. El deporte no colapsa en un día: se deteriora lentamente. Menos apoyo para ligas y federaciones, menos competencias, menos procesos regionales, menos preparación internacional y más deportistas —del sector olímpico, paralímpico y sordolímpico— tratando de sostener sus carreras prácticamente solos.

La paradoja es evidente. Fue el propio presidente Petro quien llegó a cuestionar públicamente la utilidad de haber convertido a Coldeportes en Ministerio, pero el mayor ajuste presupuestal ocurrió durante su gobierno. La Corte Constitucional ordenó mantener al Ministerio como entidad independiente, pero una institución sin presupuesto es apenas un nombre.

Y mientras todo esto pasa, el deporte sigue ausente de la discusión política nacional. A pocos días de una nueva elección presidencial, cuesta escuchar propuestas claras sobre financiación, fortalecimiento regional o sostenimiento de procesos formativos y de rendimiento. El deporte aparece en campaña para la foto, para el discurso sobre juventud o para celebrar medallas. Pero cuando llega el momento de repartir el presupuesto, vuelve a quedar al final de la fila.

El debate nunca debió ser si el Ministerio del Deporte tenía sentido. Lo tiene, y mucho. El deporte en Colombia no mueve únicamente medallas. También sostiene procesos olímpicos, paralímpicos y sordolímpicos, escuelas de formación, recreación, deporte social comunitario, deporte escolar y actividad física que impactan barrios, colegios y comunidades enteras que en muchos territorios alejan a cientos de personas de la violencia y el abandono estatal.

Por eso preocupa tanto lo que está pasando. Cuando el deporte pierde recursos, no se debilita solo una cartera del Gobierno: se debilitan miles de procesos silenciosos que sostienen comunidades enteras desde una cancha, un coliseo o una pista.

El Ministerio del Deporte sí era necesario. Lo que falta es que Colombia decida tratar al deporte como una prioridad real, y no como un discurso de campaña o una celebración cada vez que llega una medalla.




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